Tibor Sekelj. «Ocaso en el Paraíso». Edt. Constancia. S. A. México. D.F. 1954.

Tibor Sekelj fue siempre un hombre de aventura. Escribió muchos libros acerca de sus viajes por todo el Mundo, pero este, a mi parecer, es de gran valor etno-socio-antropológico. Esta obra es una magnífica muestra del espíritu aventurero tan característico del autor y está enfocado a su estancia en la selva amazónica en donde convivió, en la afluencia del Río Guaporé, con las tribus Makurap, Yabotí, Aruá, Wayurú, Arikapó y Tuparí, considerándolo estas  como parte de ellos. El explorador nos relata de una forma  muy objetiva el contexto de como y en donde viven estos autóctonos considerados por el «civilizado» como «salvajes» o «bárbaros». ¡Qué estupidez!. Estos grupos de mujeres, hombres y niños han estado más apegados a su entorno que cualquiera de nosotros. Tibor nos narra en estás magníficas páginas sus convivencias con «adanes» y «evas» – ya que del Paraíso se trata-. Plasma su experiencia con el nacimiento de «adan», el ritual del alumbramiento, la unción de aceites vegetales en el recién nacido, el ayuno post-nacimiento por parte de los padres, la «purificación» del pequeño por parte del chamán, las atenciones y el Amor que profesan los familiares y toda la tribu hacia ese nuevo miembro de la misma, sus regalos, su crecimiento hasta convertirse en un joven experto en el manejo de las armas que lo transformarán en cazador y proveedor de su familia.

Si nace una «eva» no son muy distintas las atenciones y cuidados que se tienen con ella, únicamente, que será orientada a las labores domésticas, la hechura de canastos y hamacas, el cultivo y cuidado del Maíz y sobre todo, a ser esposa y madre. Es muy interesante el labor de las féminas en la cosecha de este cereal, la trituración del mismo la cual la efectúan con los dientes, la fermentación, la cría de gusanos que sirven de alimento a los tribales y la elaboración de la «chicha», bebida embriagante. Todo esto lo realizan en la «Maloca», una casa enorme cubierta de hojas de palma, obscura, que sirve de sitio de reunión para todos y todas. También puede albergar a tribus vecinas. En contraparte, los hombre suelen ser expertos cazadores de monos, aves y serpientes de los cuales consumen su carne, también de larvas de escarabajos y, rudimentariamente, cultivan el suelo. En sus recorridos por la selva, el cazador venera la tierra pródiga, los árboles, los ríos, la tupida vegetación, el Sol, los astros, la Luna a los que considera hechura de los Dioses, o los Dioses mismos, quizás. Hace, como el hombre de  siglos atrás, fuego de forma rudimentaria y recibe a tribus vecinas ataviados con sus mejores galas o bien, listos a defender la integridad de sus hermanos de tribu si de alguna agresión se tratase.

En ocasiones se presentan justas deportivas entre grupos selváticos por lo que se juega con pelotas adornadas de plumas o huecas, de caucho. Después del juego hay baile, el chamán se aparece para bendecir la sagrada «chicha», porta unas vistosas plumas de tocado y un pequeño madero atravesando su cartílago nasal, también es ocasión para que los jovenes visitantes se relacionen con las muchachas locales las cuales bañadas y ataviadas con sus mejores tatuajes, coquetean con los varones, si existe acuerdo, la pareja va hacia el monte con armas y alimentos y ahí pasan su «luna de miel» después regresan a la aldea y se consideran ya casados, mientras la joven esposa se dedica a quehaceres domésticos, el hombre caza y construye una nueva «Maloca». Al llegar el primer hijo, el Ciclo Vital se repite como todo en la Naturaleza, por otra parte, el chamán es una pieza importantísima del grupo humano: atrae los «buenos espíritus», aleja a los «malos», cuida de la tribu con sus pases mágicos, es médico y sobre todo, en el contacto cotidiano otorga sustancias psicoactivas y tabaco a su gente para que se «contacten» con los espíritus buenos y las Deidades, también el brujo invoca al Sol con movimientos envolventes. Cuando mueren algunos miembros de la tribu, son enterrados en la «Maloca» que sirve como un cementerio, cuando esta saturada de cadáveres, se quema y es abandonada para que los miembros busquen otro lugar en donde vivir.

A pesar de ser publicado hace más de 60 años, este libro es una excelente muestra de investigación periodística audaz y seria que nos permite conocer, en una pequeña parte, la vida de esos extraordinarios pueblo tribales tan amenazados y  hoy casi extintos por grupo económicos asesinos en lo que ahora se conoce como «Capitalismo de Choque» cuya finalidad es la extinción de los vastos territorios selváticos del Mundo, es decir los «bárbaros» son otros no ellos, se me olvidaba; el excelente material fotográfico, en blanco y negro, fue obra de la bella esposa del autor, Sra. María R. de Sekelj. Espléndida lectura.

Acerca R.A.L.P.

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