Salvador Dalí. «La Tentación de San Antonio».

Bajo la proyección de un cielo azul claro, con discreto brillo del Sol aunque algunas nubes se observan en ése cielo y algunas de ellas parecen presagiar alguna tormenta, se puede observar a San Antonio en el extremo inferior izquierdo de la pintura desnudo, más que adelgazado, despeinado, sosteniendose sobre una roca con su mano derecha y con la contralateral, sujetando un crucifijo como si realizáse un exorcismo, ya que por delante de él se encuentra una calavera. Sobre el desierto, en cuyo horizonte se puden observar a la lejanía 2 figuas humanas, una sosteniendo una cruz y la otra dirigiéndose hacia ésta, también se obseva, más lejana, la representación de un padre con su hijo (llama la atención ésta imágen, ya que es frecuente en los diversos cuadros del autor durante ésta época, creo que es la representación de esa lejanía que tuvo el Artista con su padre). El terreno es árido, desértico, propicio para el contexto de la Obra.

Las tentaciones se encuentran en forma de un caballo, que se va acercando al santo en forma desafiante, con los cascos de las patas delanteras gastados y el hocico dirigido hacia un lado. Representa al Triunfo, por detrás, viene un primer elefante con un lomo que conlleva un pedestal de oro sobre el cual una mujer desnuda se balancea peligrosamente, es el Sexo, el terecer paquidermo transporta un obelisco, presumiblemente de material áureo, copiado por Dalí del que se encuentra en Roma, realizado por Bernini y que seguramente, significa en este trabajo el Dinero. Los 2 restantes animales llevan pesadamente unas edificaciones de apariencia veneciana, doradas, muy lujosas y finamente decoradas, de una de ellas por una  ventana se observan los senos y abdómen de una mujer desnuda. Los 3 animales representan, en sí, las Riquezas. En el horizonte, a lo lejos, en el extremo inferior derecho, otro elefante grotesco lleva cargando un enorme obelisco de color blanco y sobre la parte superior de éste, se insinúan unos nubarrones de los que se surge parte del edificio del Escorial, símbolo para El Artista del Orden Espiritual y Atemporal.

En ésta obra, Dalí plasma la naturaleza del Hombre y las tentaciones que lo obsesionan.

Históricamente, éste cuadro tiene la interesante anécdota de que fue el primero y único en donde Dalí participó en un concurso para una firma estadounidense de películas, la Compañía Loew Lewin. Muchos pintores surrealistas concursaron y quén se llevó el triunfo fue Max Ernst.

Obra realizada en 1946 en el estudio que El Maestro ocupó por algunos días en el Restaurante Colony en New York. Oleo sobre lienzo. 90cms. x 119.5 cms. Se encuentra en el Musée Royaux des Beaux-Arts en Bruselas.

Acerca R.A.L.P.

Ver también

Salvador Dalí. «Rostro de hormigas».

Creada entre los años 1930-1935, esta pintura manifiesta una serie de vivencias que le sucedieron …