Salvador Dalí. «Vestigios atávicos después de la lluvia».

Quizás corresponda a una mañana o a un atardecer estival en donde los rayos del Sol resplandecen majestuosamente entre el cielo azul de diversos tonos, es verdad que hay nubes pero no presagian lluvia. Esta ya pasó. Allí, en una planicie, no ajena a la luminosidad otoñal pero desértica casi en su totalidad, se erige un pequeño poblado demarcado por unas discretas colinas agrestes las cuales dominan el horizonte. Todo esto delimita a una estructura blanca, enorme, robusta que conlleva un enorme agujero en su porción derecha mientras que la parte izquierda se encuentra «sostenida» por una muleta. La parte superior de dicha figura se encuentra delimitada por una extraña forma de color blanco, también robusta que parece balancearse en forma de guisante que «corona» a la extraña formación. Junto a ella, se encuentran 2 pinos que parecen salir de la nada o de la misma estructura.

En la parte inferior izquierda se encuentra una imagen que parece unirse a la misma y originando un juego visual en donde es factible observar un repliegue de tela o una forma de mujer estilizada, la continuidad de la misma parece fusionarse en el extremo opuesto con un macizo rocoso el cual da sostén a la extremidad inferior derecha de la figura principal. Todo esto da pauta a la formación de un arco y es ahí donde se encuentra la esencia de esta magnífica Obra: un niño pequeño tomando la mano de su padre el cual le señala algo en dirección al caserío. Ambas figuras pisan un suelo rojizo el cual tiende a tornarse obscuro con el paso del Tiempo. En su más intrínseco simbolismo, El Maestro nos lleva a la esencia del tema que es la añoranza onírica y a la conjunción Paranoico-Crítica, es la remembranza del Dalí-Niño y su incesante búsqueda por el padre ausente, que nunca existió.

Dalí durante toda su vida, incluso adulta, buscó un padre que fuese su amigo, maestro, confidente y sobre todo, compañero el cual jamás se hizo presente. En definitiva, esta Obra manifiesta la esencia de los ayeres infantiles, del recuerdo imborrable de lo experimentado. Recordemos que es el momento histórico de Sigmund Freud y sus teorías, Dalí lo conocería 4 años después de haber realizado este trabajo en la ciudad de Londres y se convertiría en fiel seguidor de sus investigaciones, plasmándolas en muy diversos cuadros, por último agregaremos algo: este trabajo tiene un antecedente inmediato realizado en 1933. Oleo sobre Lienzo. 65 cms x 54 cms. Perls Galleries. New York. 1934.

Acerca R.A.L.P.

Ver también

Salvador Dalí. «El Angelus arquitectónico de Millet».

El paisaje es semejante al comentado en la reseña anterior (VER ARTICULO CORRESPONDIENTE EN ESTA …