Salvador Dalí. «Singularidades».

Esta pintura es una de las más interesantes, misteriosas y provocativas del Pintor, Llama la atención la gran obscuridad del cielo, tapizado por algunas estrellas, más allá del horizonte se asoma una discreta claridad, a su vez, el suelo también es negro. A la izquierda, observamos una especie de salón, pequeño teatro o casino de color naranja en cuya entrada se asoman -a manera de cortina- ya sean cabellos o hebras telares. La puerta, en su parte superior, esta delimitada por un triángulo y en el techo de la misma, por decirlo, se encuentran 3 interesantes figuras; la primera, presenta rasgos felinos (león) y en su parte superior se abre un cajón. La segunda muestra una cabeza presumiblemente femenina y su cara es substituida por un reloj. La última corresponde a un hombre barbado, con boca y dientes grandes y con las cuencas orbitarias vacías. Sobre su cabello yace un pan francés.

Debajo se la puerta, se localiza una forma caprichosa de color naranja que bien pudiese ser una asiento estilizado o quizás una roca, al lado del supuesto salón, yace un asiento también constituído por hebras o cabellos pero que tiene la cabeza y un brazo masculino, ahí se encuentra una mujer estilizada sentada. La figura protagonista es una mujer muy delgada, sin rostro, con el cabello sustituido por espigas de trigo, su busto se encuentra cubierto de flores, los brazos están abiertos y el derecho se encuentra cubierto por otro brazo pero blanco. Su figura esta ataviada por un vestido de una sola pieza. La mujer antecede a un mueble de color rojo-naranja el cual parece presentar raíces en su parte inferior, extrañamente, el asiento presenta la huella de 2 cuerpos que se encontraban sentados.

Hacia lo lejos se encuentran un macizo rocoso con una gran abertura, las pequeñas figuras de un hombre y un niño, más abajo, un reloj blando y en la parte media un piano de cola. Es por demás importante señalar, que en este caso particular, no hay una evocación freudiana como tal aún con la datación de la Obra. El mismo Dalí no se explica este hecho. Quizás fue solo un juego ornamental, (de hecho, muchos de los objetos plasmados formaron parte del acervo escultórico de este), una mirada al paso del Tiempo o simple y sencillamente una marcada obsesión artística (es raro ver este tipo de colores en los trabajos del Maestro). Oleo sobre Panel. 40.5 cms. x 51.1 cms. Fundación Gala-Salvador Dalí. Figueras. España. 1935-36.

Acerca R.A.L.P.

Ver también

Salvador Dalí. «Vestigios atávicos después de la lluvia».

Quizás corresponda a una mañana o a un atardecer estival en donde los rayos del …