
Los Marajás o príncipes de la India tienen tantas excentricidades que podrían escribirse varios tratados, sin embargo, todos poseen una afición peculiar: el coleccionismo por los Rolls-Royce. En la primera mitad del siglo XX, poseerlos era sinónimo de poder y riqueza para estos nobles que llegaron a conformar la quinta parte del mercado mundial de tales autos- El Marajá de Patiala llegó a tener 38. El de Jamasheb poseía solo 8, pero en su garaje había un total de 450 autos, cada uno con lavacoches, chofer y mecánico individual. Algunos no se conformaban con el diseño regular de este clásico y exigían adaptaciones. El Maraja de Nabha encargó uno con carrocería en forma de cisne. El de Patiala ordenó que tapizaran su modelo 1911 con vestiduras de seda de color salmón, su tablero estaba cubierto de diamantes.

Un monarca de Nepal exigió que sus súbditos llevaran cargando un Rolls-Royce hasta Katmandú cruzando la cordillera del Himalaya. Otros fueron adaptandos como vehículos blindados y camiones para la recolección de basura. Algunos antiguos modelos se conservan en buenas condicones y 160 todavía circulan en la India, incluso, existe uno de 1913 que registra apenas 500 kilómetros recurridos.
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